6/22/2006

CONSTRUCCIN DE LA VIDA FAMILIAR

CONSTRUCCIÓN DE LA VIDA FAMILIAR

Tomado del libro:
Construyendo Buentrato: herramientas para el cambio
Leonardo Romero S.
Psicólogo y Codirector
Centro de Asesoría y Consultoría

Parafraseando a Paulo Coelho, padres y madres deberíamos preguntarnos: ¿El trato que hoy damos a hijos e hijas cómo afectará a la quinta generación de sus descendientes? Los actos de los padres y madres tienen consecuencias que se prolongarán muy probablemente durante mucho tiempo, por ello será importante saber el tipo de mundo que estamos dejando a su quinta generación.


La familia es el espacio más importante donde se adquieren las bases y estructuras para crecer como seres humanos integrales. Gran parte de la felicidad o infelicidad de las personas se relacionan con la vida familiar. La calidad de la vida familiar determina en gran parte el crecimiento y desarrollo personal de los miembros de una familia.

La construcción de una familia funcional es responsabilidad primordial del padre y la madre o de los adultos responsables. Construir una familia funcional y armoniosa es un trabajo complejo, es un proceso que requiere aprendizaje, no se nace con las competencias suficientes para convivir en familia. Unirse en pareja no significa que se tengan las condiciones y habilidades necesarias para vivir exitosamente como tal (para el caso de las familias donde hay una pareja). Hacerse biológicamente padre y madre no hace a las personas competentes para criar y formar adecuadamente hij@s.

Aunque “el amor” es una condición importante para la vida familiar, no es suficiente para saber funcionar en pareja, criar eficazmente hij@s y construir familia. En muchas familias el amor se deteriora porque sus miembros, principalmente los adultos, no tienen la preparación necesaria para relacionarse en familia. El amor es el resultado de lo que se hace y la forma como se interactúa con los demás, el amor es un verbo tal como dice la canción, por lo tanto se puede hacer crecer o disminuir el amor en la familia.

El éxito en la construcción de una vida familiar sólida y armoniosa requiere preparación; son necesarias algunas condiciones mínimas en conocimientos, actitudes, valores y habilidades.

Los adultos generalmente invierten esfuerzos económicos y de tiempo para cualificar su desempeño en las ocupaciones productivas. Al contratar un cargo se exige cualidades acreditadas y respaldadas en procesos sistemáticos de formación; sin embargo, para desempeñarse como pareja, padre y madre no dedicamos los mismos esfuerzos y no nos exigimos los mismos criterios de formación. Para ejercer cualquier profesión se exige una formación universitaria de muchos años, para ejercer como técnico también se exige una capacitación, pero para desempeñarse en la profesión más importante del mundo no. Una buena proporción de adultos inicia la vida familiar con más deficiencias que competencias para sacar adelante un proyecto de vida familiar.

Construir vida familiar es una aventura compleja, es un proceso con altos y bajos. La cotidianidad de la vida familiar implica obligatoriamente afrontar coyunturas y conflictos naturales de la convivencia. Lo que diferencia unas familias de otras, no es la presencia de conflictos, sino la capacidad para aprender de la experiencia y la adquisición de habilidades básicas para resolver las situaciones problemáticas. En ocasiones, se reacciona ante los conflictos de la vida familiar con estrategias inadecuadas e inefectivas, haciendo lo que se puede, sin obtener los resultados esperados, usando métodos negativos para obtener resultados positivos.

Esto favorece que los adultos (líderes de la familia) estructuren una sensación de desconcierto, frustración y agotamiento emocional, acompañado de un sentido de incompetencia e inefectividad para lograr una vida familiar como la que se sueña y desea idealmente.

En esta propuesta se parte de la convicción de que es posible la construcción y el fortalecimiento de un ambiente familiar cálido, acogedor, nutritivo y funcional. Este ambiente será posible como resultado de una voluntad, intención y determinación. El fortalecimiento de la vida familiar no será resultado del azar, requerirá que padres-madres o los adultos responsables (líderes del fortalecimiento familiar) se asuman como arquitectos de este cambio y como gestores del propio ambiente familiar, que tomen en sus manos el control del cambio y la ruta que desean dar a la vida familiar.

El fortalecimiento de la vida familiar será el resultado de vivir aquello en que se cree, de querer hacer realidad las propias convicciones respecto a lo que debe ser, los sueños y la visión de una familia.

Este material se propone como un conjunto de experiencias formativas para incentivar en padres y madres una reflexión sobre la calidad de su vida familiar que les lleve a hacerse un replanteamiento de la visión de familia, les anime a tomar acciones concretas para fortalecer su rol como líderes y desarrollen habilidades y estrategias efectivas para enriquecer su vida basándose en el buentrato.

LA TAREA DE SER PADRE Y MADRE

Las siguientes afirmaciones plantean diferentes puntos de vista respecto a la tarea de ser padre y madre:
  • ”Para criar hijos basta con una buena intuición, el sentido común es suficiente”.
  • ”Las fallas en la crianza de los hijos se deben a la falta de amor de los padres”.
  • ”Ser padres es algo que se lleva en la sangre”.
  • ”Criar hijos es algo que se aprende”.

Tradicionalmente en nuestra cultura ha predominado la idea de que la maternidad y la paternidad se “lleva en la sangre”, como si los seres humanos naciéramos con una determinación biológica que nos hiciera buenos o malos padres, buenas o malas madres. Se le ha atribuido a los instintos y al componente biológico la capacidad para ser buen padre o buena madre. Criar hij@s es un oficio complejo y es todo un arte que requiere aprendizaje, nadie nace siendo buen padre o buena madre.

Desafortunadamente muchos adultos inician la paternidad o maternidad por accidente, sin conciencia de las implicaciones que esta tiene y sin una visión clara del tipo de padre y madre que aspiran ser. Aunque se hacen esfuerzos por superar los errores percibidos en los propios padres, una buena parte de los adultos repetimos los modelos de maltrato que vivimos en nuestra familia.

En una frase de Michel Levine se afirma que ”tener hijos no lo convierte a uno en padre, del mismo modo en que tener un piano no lo vuelve pianista”. No es sencillo criar hij@s exitosamente, especialmente cuando no se está preparado para ello. El éxito en la crianza de los hij@s, como en cualquier otra actividad, requiere de una preparación. Son necesarias ciertas condiciones mínimas en conocimientos, actitudes, valores y habilidades para la crianza de l@s hij@s. No es lo mismo saber cómo criar hij@s que no saberlo; hace la diferencia si se tienen actitudes negativas o si se tienen actitudes positivas y a favor del buentrato; no es lo mismo tener claro ciertos valores relacionados con el buentrato que no tenerlos y es diferente una persona que ha aprendido habilidades de buentrato que una persona que no lo ha hecho.

Ser padre y madre es la profesión más importante del mundo; como cualquier otra profesión, requiere que sus aspirantes tengan vocación y se preparen con calidad para poder desempeñarse eficazmente. Sin embargo esta es la única profesión para la cual, se supone erróneamente, que “todo el mundo tiene vocación” y para la cual muy pocas personas están preparadas realmente. Es la única profesión que aspiramos ejercer, con o sin vocación, preparados o no para ello.

Tradicionalmente se ha desvirtuado el concepto de planificación familiar; se confunde con “no tener hijos”, “decidir cuántos hijos tener”, “el método a usar para no tener hijos”, etc. Entendemos la planificación familiar como “el proceso por el cual las parejas toman decisiones respecto al tipo de familia que desean formar y construir” (Romero 2000). Cuando una pareja elige un método anticonceptivo no está planificando vida familiar, está decidiendo como regular su fecundidad. Decidir el número de hijos y los métodos anticonceptivos es parte de la planificación familiar, pero no es todo.

Antes de unirse para formar familia, sería conveniente que las parejas discutieran, analizaran, definieran y acordaran una serie de tópicos relacionados con la vida familiar. Por ejemplo: tipo de crianza, formas de corrección, estilo de vida familiar, forma de ejercer autoridad, distribución de las funciones de crianza, los valores y virtudes que serán importantes en la familia, la forma de resolver los conflictos familiares, etc. Desafortunadamente esto no hace parte de lo que las parejas creen que deben hacer.

Un porcentaje importante de las parejas, no planifican la vida familiar que desean construir. En los talleres realizados con padres y madres de familia se ha encontrado que más del 50% de los padres y las madres “nunca” o “muy poco” habían acordado aspectos importantes relacionados con la crianza de los hijos, su formación y la manera en que llevarían la vida familiar. Se unieron en pareja sin compartir sus puntos de vista al respecto.

En la tabla No.1 “Definiciones y acuerdos importantes en la planificación de la vida familiar”, se describen las respuestas de un grupo de padres y madres a un cuestionario que explora dieciocho aspectos que se suponen importantes en la construcción de la vida familiar y que una pareja debería acordar antes de tener familia.

Tal como lo muestra la tabla anterior son pocas las parejas que hablan y acuerdan sobre la forma como desean construir vida familiar. La mayor parte de ellos, se une sin hablar de este negocio, es algo así cómo pilotear un avión sin tener previamente un plan de vuelo ó construir un edificio sin un plan de construcción. Sería conveniente que las parejas antes de embarazarse y decidir tener hijos acordaran varios aspectos importantes respecto a la crianza de hijos e hijas: la manera como los educarán, los valores que les gustaría formar, el estilo de vida que desean ofrecerles, la manera como ejercerán autoridad, la forma como corregirán a sus hijos o hijas, el papel que tendrán los parientes en la educación de sus hij@s, etc. Igualmente esto sería válido para la persona que decida tener hij@s sin un compañero o compañera de crianza.

Planificar la vida familiar es responsabilidad de la pareja. Si esto fuese una práctica más frecuente, seguramente tendríamos mejores familias, padres y madres con mayor efectividad y por supuesto, tendríamos mejores seres humanos.

Los datos indican que una buena parte de las parejas, se unen y tienen hij@s o por el contrario tienen hij@s y se unen, sin una clara conciencia del tipo de vida familiar que aspiran a construir. Pareciera ser que esto se hiciese “en automático”, dando por hecho que el destino de todas las personas es casarse y tener hij@s, se tenga o no la preparación y la claridad para estructurar una familia. Criar hij@s no tiene que ser la única opción de vida para todo el mundo; en efecto, muchas personas habrían hecho mucho bien a la humanidad si nunca hubieran tenido hij@s en las condiciones negativas en que les han criado. Es importante que las parejas se replanteen las razones por las cuales desean conformar una familia.

Parece ser que el patrón predominante en nuestras parejas es unirse, tener hij@s y en el camino improvisar cómo educarles. Se inicia la vida marital y la crianza de los hij@s con una idea idílica, romántica, fantasiosa e ilusoria de lo que esto realmente implica: “Tan lindo tener algo de uno”, “toda la vida he soñado con tener hijos”, “Deb eser tan lindo tener hijos”, etc. Como sugiere la caricatura de Mafalda los hij@s vienen a ser “los hijillos de indias” y aplicando esto a la vida de pareja, la pareja vendría a ser “la parejilla de indias”. Ensayamos con ellos como criar seres humanos, repitiendo durante muchos años los mismos errores, mientras tanto nuestros hijos o hijas se convierten en los paganinis de nuestras repeticiones.

Un proceso de planificación familiar implicaría que la pareja elabore consciente y explícitamente respuestas a una serie de interrogantes planteados en un orden “lógico” y secuencial. La respuesta a las preguntas anteriores son insumos para las posteriores. El siguiente esquema describe la secuencia de interrogantes que se propone para que las parejas guíen su toma de decisión en el proceso de planificar vida familiar.

REFLEXIONES SOBRE SER PADRE Y SER MADRE

Nadie se hace experto en ningún área sin conocimiento y práctica. Saber es importante pero insuficiente. Saber sin practicar es inocuo y practicar sin saber puede ser desgastante, agotador y frustrante. La vida familiar es un laboratorio viviente que puede o no resultar en un aprendizaje valioso, dependiendo de la forma como padres y madres lo conduzcan.

Ser padre o madre requiere de la habilidad para integrar el saber y la práctica, saber haciendo y hacer sabiendo. Las experiencias cotidianas pueden ser una maravillosa fuente de conocimiento y sabiduría si estas son bien capitalizadas, reflexionadas y analizadas.

Para construir vida familiar se necesita capacidad para practicar y aprender, para observar, ensayar y aprender. Esta habilidad permite enriquecerse con la experiencia y aprender lecciones de vida para no repetir los mismos errores durante años.

No se es…, se está siendo…, estamos en constante movimiento y crecimiento. Hoy ya no somos el padre o madre de ayer, mañana seremos otr@s. Aprender de la experiencia, de los errores y no repetir las estrategias que no funcionan es una buena alternativa para lograr cambios: ensayar, observar y aprender es la propuesta.

Ser padre o madre requiere más que buenas intenciones, la gran mayoría de los adultos insatisfechos con la crianza de sus hij@s tienen buenas intenciones pero fallan en la manera como pretenden lograr sus objetivos y por el contrario consiguen resultados opuestos. Algunos adultos tienen la buena intención de que su hij@ se alimente bien, y sin percatarse de ello, convierten los momentos de comida en verdaderos campos de batalla; hay padres y madres que desean que sus hij@s sean responsables y pretenden lograrlo a base de cantaletas y sermones, generando luchas de poder y poca responsabilidad en sus hij@s.

Querer lo mejor no es suficiente para criar hij@s efectiva y exitosamente. Todos los adultos quieren lo mejor para sus hij@s, pero pretenden hacerlo con métodos erróneos e ineficaces. La sobreprotección, la autocracia y la permisividad de los padres y las madres tienen las mejores intenciones pero producen los peores resultados.

Criar a l@s hij@s no tiene que ver con “ser perfectos”, no existe una “única forma” de ser buen padre y buena madre. Lo importante es tener una visión del tipo de padre o madre que se desea ser y ubicarse en el camino del aprendizaje constante. Por ello la formación de hij@s requiere de capacidad para aprender de la experiencia, de percibirse en permanente aprendizaje y tener una actitud de apertura al cambio para corregir a tiempo los errores.

PADRES Y MADRES ALTAMENTE EFECTIVOS

Franklin Covey en su libro “Los sietes hábitos de las familias altamente efectivas”, afirma que es posible ser un padre o una madre que toma decisiones sobre el tipo de padre o madre que desea ser y llevar a cabo un plan conciente e intencional para lograrlo. Según su propuesta, los padres y las madres como líderes de la familia deben tener un fin en mente, una visión clara y compartida del tipo de familia que desean ser.

Covey propone que las familias construyan un enunciado de misión familiar en el cual expresen en forma unificada el propósito de existir como familia y los principios que eligen para gobernar la vida familiar.

Los padres, las madres o adultos responsables son como los pilotos de un avión que comandan la familia, antes de navegar tienen un fin en mente (una visión) y construyen un plan de vuelo, es decir, hacen un plan de vida familiar. Como pilotos de la vida familiar tienen “una brújula” que les permite revisar el rumbo que llevan y retomar la ruta en aquellos momentos en que la familia se aleja de su trayecto propuesto (visión familiar).

La construcción de una visión familiar se basa indudablemente en una escala de valores que se proponen como principios que regulan y gobiernan las relaciones al interior de la familia. Es importante hacer explícito estos valores. El esquema No. 4 propone algunos principios básicos para regular la convivencia y el buentrato en la vida familiar y escolar.

Algun@s adult@s tienen inconformidad e insatisfacción respecto a la forma como crían y ejercen sus funciones de padre o madre. Esto es bueno, es el motor para cambiar. Esa insatisfacción es la fuerza motivacional para construir una mejor familia.

Por lo general la vida familiar es conflictiva, con muchas situaciones tensas, en algunos momentos quizá predominen los gritos, insultos, amenazas, peleas y discusiones infructuosas; tal vez la hostilidad está ganando terreno más allá de lo esperable y tolerable; tal vez haya problemas en el manejo de las conductas de l@s hij@s, a lo mejor presentan problemas de conducta como mentir, agredir, hacer pataletas, rabietas, robar, etc.; tal vez se vivan campos de batalla al momento de levantarse, arreglarse y salir al colegio, en la comida, con las tareas o deberes escolares, para que duerman para seguir órdenes y reglas, etc. Todas las familias, como dice Covey, incluso las mejores familias están fuera de su ruta el 90% del tiempo, pero siempre hay la posibilidad de retomar la orientación correcta. Sea cual sea la situación, existe la alternativa de retomar el camino que se desea en la familia.

Cuando se sabe a donde se quiere ir, es fácil retomar el camino y volver al sendero deseado. Estas son habilidades claves para construir familia: tener un fin en mente, hacer un plan compartido y saber regresar a la ruta. Todo ello sustentado en unos principios elegidos como importantes para la familia.

LA MISIÓN DE SER PADRE Y MADRE

Educar tal como se define etimológicamente significa “dar a luz lo que existe”, contribuir para que los hijos e hijas sean lo mejor que ellos puedan ser. Ellos tienen una serie de dones, talentos, virtudes y potenciales por descubrir y desarrollar. Son una mina en la cual hay piedras preciosas por extraer y pulir para que brillen. Cada día es una gran oportunidad para enseñarles a dar lo mejor de si mism@s.

Educar es una tarea compleja que implica el reto de desarrollar virtudes, valores, actitudes y habilidades para la autonomía y la convivencia responsable basada en el respeto, el amor, la justicia, la tolerancia, la equidad y el diálogo. No cabe duda que esto es posible desde la perspectiva del buentrato y la crianza humanizada. (ver esquema No. 5)

Este aprendizaje será posible si los y las menores viven en un ambiente en el que se practica la convivencia responsable, esto no se aprenderá con sermones, cantaletas y discursos imperativos, toma tiempo observar resultados pero se puede lograr.

La educación familiar y escolar basada en el maltrato no permite que los y las menores desarrollen su potencial, mata y aniquila su ser, sus emociones, su creatividad, espontaneidad e iniciativa. Tal como dice la poeta colombiana Laura Restrepo “el alma de nuestros niños y niñas muere o enferma de “insultamiento” y de “mandateo” por parte de los adultos”.

En nuestra cultura existe un refrán popular que dice: “la correa saca lo malo y mete lo bueno”, aquí se refleja la creencia de que con la fuerza y el maltrato es posible desarrollar lo bueno que tienen l@s hij@s; se justifica y valida el maltrato como forma de educación. La experiencia nos indica que no es necesario el maltrato para potenciar lo bueno que tienen l@s hij@s o estudiantes. Es posible lograr la misión formativa como padre, madre o docente basándose en el buentrato.

La meta del buentrato es humanizar la crianza, tal como proponen muchos expertos modernos en el área. Para lograrlo, una meta clave de la formación de l@s hij@s es desarrollar la autonomía y la responsabilidad. Formar para que tengan los propios recursos emocionales, intelectuales, espirituales, axiológicos, sociales, etc. que les permita hacerse cargo con éxito de la propia vida.

Formar hij@s para la autonomía y la responsabilidad requiere sabiduría por parte de los adultos para diferenciar cuándo es preciso aprehenderlos y cuándo soltarlos; cuándo es necesario protegerles y cuándo hacerse a un lado; para discriminar los momentos en que es oportuno y formativo “hacer por ell@s” y los momentos en que es preciso “dejarles hacer por si mism@s”, comprender que hay momentos para contenerlos y otros para permitirles, momentos en que es bueno mimarles el dolor y otros en que es más conveniente permitirles vivir y aprender del propio dolor. (ver esquema No. 6)

Tal como dice Gonzalo Gallo (consejero espiritual), criar hij@s es como llevar un jabón mojado en las manos. Si se aprieta muy fuerte el jabón se escapa y si se abren las manos el jabón resbala. L@s hij@s son como un jabón a quienes no hay que apretar mucho, pero tampoco soltarles, porque de igual forma se podrían escapar.

Formar hij@s requiere saber soltar y apretar, apretar y soltar, hasta que puedan volar con las propias alas y recorrer los campos de la vida para la cual nacieron. L@s hij@s nacieron para volar y la misión de los adultos es prepararles para que vuelen alto con las propias alas. Desafortunadamente hay adultos que cortan el instinto de volar de los y las menores, les cortan las alas y les impiden ejercitarse en el arte de vivir.

Los adultos autocráticos aprietan mucho, mientras que los permisivos sueltan demasiado; padres y madres sobreprotector@s pretenden “tener siempre el jabón en las manos” con el temor permanente e irracional que al soltarles les pueda ocurrir algo malo.

Educar para la autonomía y la autoridad interna implica desarrollar conocimientos, valores, actitudes y habilidades que permita a l@s hij@s discriminar lo bueno de lo malo, lo conveniente de lo inconveniente, lo saludable de lo no saludable, lo constructivo de lo no constructivo, placer y realidad. Los adultos no pueden estar detrás de sus hij@s decidiendo por ell@s, es más efectivo formarles para que tengan recursos propios con los cuales tomar decisiones responsables. Este aprendizaje es importante hacerlo desde las edades tempranas.

El sistema escolar y familiar aún educa para el control externo, para funcionar si hay una autoridad externa que controle. El sistema autocrático que tanto se cuestiona, forma individuos con conciencia y autoridad externa. Esto produce una doble moral y una doble conducta: l@s hij@s o estudiantes tienen un comportamiento en presencia de la “autoridad” y otro en su ausencia. La propuesta de la educación basada en el buentrato tiene como objetivo formar autonomía y autoridad interna.

ANÉCDOTA DE LA MADRE ÁGUILA

El águila empujó suavemente a sus crías hacia el borde del nido. Su corazón temblaba con emociones conflictivas porque sentía la resistencia que oponían sus crías a los golpes persistentes. “¿Por qué la emoción de volar tiene que comenzar con el temor a caer?”, pensaba el águila. Esta pregunta no tenia respuesta para ella.

De acuerdo con la tradición de las especies, su nido se encontraba en lo alto de la montaña. Abajo no había otra cosa que aire para apoyar las alas de cada cría. El águila pensaba: “¿será posible que esta vez no funcione?”. A pesar de sus temores, sabía que ya era hora. Su misión como madre ya había concluido. Sólo faltaba una última tarea: el empujón.

El águila tomó coraje apoyándose en su sabiduría innata. La vida de sus crías no tenía sentido hasta que descubrieran sus alas. Si no aprendían a volar, jamás comprenderían el privilegio de haber nacido águilas. El empujón era el mejor regalo que ella podía ofrecer. Era un acto supremo de amor. Y así empujó una a una suavemente a sus crías… ¡y volaron!